De repente aparece alguien que te dice que tranquilo, que aflojes, y cuando aflojas te das cuenta de las cosas. Cosas pequeñas
Cosas que puede que antes no me diera cuenta de ellas, pero llega algo, pequeños o grandes detalles que te hacen abrir los ojos y te hacen bajar la velocidad y ver que no todo es bonito, ni mucho menos. Que como me ha dicho hoy Marta, la vida te da muchas cosas buenas y malas, pero también te las puede quitar. Arrancar. Destrozar. Aplastar. Arrebatar. De la noche a la mañana. Claro que no se puede querer a alguien a la mañana y dejar de quererle a la hora de la siesta. Pero como muchos dicen, los hechos no necesitan palabras, hablan por si solos. Y las palabras hacen mucho, demasiado daño diría yo. Me puedo considerar una persona bastante sensible que se emociona por cualquier tontería, como una canción de Bruno Mars en la que dice que cuente con ella. Y también os puedo decir que mi madre siempre me ha dicho que el orgullo no lleva a ningún lado, pero esta vez supongo que esa moto que iba a doscientos kilómetros, en la que se suponía que solo había felicidad ha frenado en seco por un tiempo...
Pero sinceramente, antes de chocar, he preferido abrir los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario