31 de diciembre. Otro más. Se acabaron los 365 dias del 2013. Se va otro año. En la puerta del sol. Con las doce campanadas. Las doce uvas. Y el champange de después. Los petardos que borran sonidos de ayer y acaloran el ánimo para aceptar que ya pasó un año más. Hacemos el balance de lo bueno y malo. Y sinceramente, no me puedo quejar de este año que se va en menos de 12 horas. He conocido a gente realmente increíble y también he desconocido a gente que creía conocer realmente bien. Pero eso es ley de vida. No me puedo quejar. Lo más importante es que todos los huecos en la mesa estarán esta noche ocupados, por suerte, y espero que sea así muchos años más. De lo que más me alegro de este año es que los de verdad sigan ahí, y no se hayan movido de mi lado, me sigan demostrando cada día que puedo contar con ellos.Puedo contar con ellos no solo para salir de fiesta sino para empaparles los hombros con lágrimas o para hacer viajes que guardaré siempre donde dicen que se guardan todos esos recuerdos. Ha habido momentos difíciles, alguna decepción, pero nada grave. En este recuento, me quedo con lo bueno me alegro de poder celebrar esta noche con mi familia, y con dos de las personas que mejor me conocen, no me hacen falta millones de amigos, con unos pocos buenos es suficiente. ¿Que pedir para el 2014? Felicidad. Sueños por cumplir. Los sueños son los que nos mantienen vivos. Los posibles y los menos posibles. Ya sabéis que nada es imposible si le echamos ganas.
A los que ya no están echaremos de menos con un nudo en la garganta.
Y a ver si espabilamos los que estamos vivos, y en el año que viene le echamos ganas a todo, y nos reimos de lo que no hemos podido cumplir este año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario